Archivar paraSeptiembre, 2008

Salve

 

Salve, oh reina enmascarada. ¿Quién soy yo para develar tu secreto? Arlequín pobre, duelo de colores. Un río dorado nos separa. Un puente une las orillas, faltan tablas en él y las barandas están llenas de espinas. Cerca; no tan cerca. Ha de ser tu amante fiel y eterno, el dedo que posa la mano sobre la cuerda de la guitarra, esforzándose por deleitarte. Cuando te vayas, ¿Quién escuchará mis canciones? ¿Quién será el pájaro que protagonice los versos de media tarde? Ya sucede, tu abanico no agita más el viento sereno, tu antifaz aparece en cada silla, en cada cuadro y cada tonada. Siempre en la risa de una mujer hermosa, nunca sobre tus ojos. Los recuerdos llegan melancólicos, se presentan inmunes al olvido, expectantes a la reacción de mi mente. Reina de los pasillos, acude a los llamados que te hago en mis sueños, seca mis lágrimas como lo hice yo alguna vez. Aparece nuevamente, devuelve la vida y el sentido a mis canciones. Le ruego perdone usted mi atrevido acercamiento y mi triste enfrentamiento, no puede censurarme cuando ya ha hecho usted que la ame.

14 de octubre

No perteneces a este mundo,
las hadas aquí te ensordecen con su canto.
Prefieres aquél, en el que los destellos de luz falsa te deslumbran,
es más fácil dejarte llevar por esa, tu otra realidad.

Aquí los árboles son demasiado verdes y grandes para ti,
el cielo se abre inmenso, imponente y tú, quedo,
prefieres bajar la mirada y cerrar los ojos.
Tus alas no se abrirán más para volar hasta mi.

El agua del río es fría, tu reflejo no pasa más por allí,
decidiste ahogarte entre las sombras.
Ya la cueva no es tu lugar favorito,
entra demasiada luz y tú sólo quieres huir de ella.

Tu voz se oye lejos, siempre escucho cómo ries al caer la tarde.
Sólo tú sabes si es una risa cálida y real o una máscara más de las tuyas.
Dedicas día y noche a engañarte, pero a veces,
a veces estiras tu mano para tocarme… nunca lo haces.

Suenan las campanas, ya debo regresar.
Sabes cómo encontrarme, di mi nombre,
piensa en mi y yo sabré acudir a ti, ahora regresa
te espera una realidad que sólo tú conoces.

Ya no hay espacio allí para mi.

El papá de los helados, Rey de las rancheras

A petición de mi querida amiga Jess.
Quién no abrió los ojos y alzó las cejas a alturas preocupantes la noche en que RCTV, que aún no tenía la coletilla de “internacional”, televisó el momento en que aquel muchacho de tez blanca tomó su decisión final. Era la respuesta definitiva.
Quizás entre nosotros hubo quien gritara delante del televisor “No, no, por favor, no!”, como si se tratara de una película de terror. Los que lo vieron por internet, ya estando avisados, se debatían entre la sorpresa y la risa.
Con una música de fondo que tensaba más elambiente, la sonrisa expectante del público y del Señor Eladio, surgieron titubeos. La opción de “el alma de la fiesta” tuvo su breve momento, luego “el papirruqui” se mostró más contundente. La pregunta, bastante difícil, la decisión aún más. El dolor de contar sólo con dos comodines y gastarlos estaba latente.
Al fin, después de un 50 y 50 y algunos alaridos de los televidentes, surgió la respuesta. Sus padres sonreían, quizás ellos tenían alguna idea, su madre se tocaba el cabello nerviosa.
Y fue desde allí, desde esa silla, frente a la pantalla que mostraba las dos opciones, que la pronunció. “La b, el papá de los helados”, la respuesta definitiva.

Eladio pide que la audiencia cante la canción, nadie la entonó más fuerte que su propia madre, toda Venezuela la vio desgañitarse.
Aplausos, risas y una tez notablemente colorada más tarde, la respuesta titilaba en verde.

Hoy, quien es conocido como “El papá de los helados”, lleva una vida tranquila apadrinado por la antimemoria de los televidentes. Seguramente todos concordamos en que los quince minutos de fama que nos corresponden a cada uno no siempre son de buena fama. Hay que pensar en la valentía que requiere televisarlos.

Si bien es cierto que este es un programa que pone a prueba el conocimiento sobre cultura general, no es pertinente asumir que todo se puede preguntar. ¿Acaso todos escuchamos rancheras? ¿quién dijo que éstas son cultura general? ¿Vivimos en México? No siempre es suficiente con que Chávez cante la canción en cadena nacional para que esta se haga popular.

Insisto, ¿cuántos litros de materia gris debería almacenar el ser humano en su cabeza para saber todo esto? ¿cómo evitar los vicios que dañan a las neuronas? Si es así, sólo los cuerpos y mentes sanas, súper dotadas y bien educadas podrían participar en el programa. ¡Por Dios, señores, estamos en Venezuela! ¡Por algo somos un país tercermundista!

Así pues, deberíamos reunirnos para dar reconocimiento a un hombre que nos recuerda que siempre se puede estar peor. Es por él que sabemos que no importa cuánto creemos que sabemos, nunca lo sabremos todo. Gracias por enseñarnos que la vida sólo se puede disfrutar realmente cuando somos capaces de reirnos de nosotros mismos en público, por hacernos vivir tantas emociones en dos minutos y medio. Gracias por tan buen show.